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domingo, 15 de octubre de 2017

los pasos... lejanos



Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...;
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.


César Vallejo, "Los pasos lejanos"



Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio

en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos,  todos pasan

sin preguntarme ni pedirme nada…

Y no sé qué se olvidan y se queda

mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,

y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,

yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;

y hoy he muerto qué poco en esta tarde!




César Vallejo, "Ágape"








  

miércoles, 28 de septiembre de 2016

"ahora echo de menos la luz negra"


Tristeza, necesito
tu ala negra,
tanto sol, tanta miel en el topacio,
cada rayo sonríe
en la pradera
y todo es luz redonda en torno mío,
todo es abeja eléctrica en la altura.
Por eso
tu ala negra
dame,
hermana tristeza:
necesito que alguna vez se apague
el zafiro y que caiga
la oblicua enredadera de la lluvia,
el llanto de la tierra:
quiero
aquel madero roto en el estuario,
la vasta casa a oscuras
y mi madre
buscando
parafina
y llenando la lámpara
hasta no dar la luz sino un suspiro.

La noche no nacía.

El día resbalaba
hacia su cementerio provinciano,
y entre el pan y la sombra
me recuerdo
a mí mismo
en la ventana
mirando lo que no era,
lo que no sucedía
y un ala negra de agua que llegaba
sobre aquel corazón que allí tal vez
olvidé para siempre, en la ventana.

Ahora echo de menos
la luz negra.

Dame tu lenta sangre,
lluvia
fría,
dame tu vuelo atónito!
A mi pecho
devuélvele la llave
de la puerta cerrada,
destruida.
Por un minuto, por
una corta vida,
quítame luz y déjame
sentirme
perdido y miserable,
temblando entre los hilos
del crepúsculo,
recibiendo en el alma
las manos
temblorosas
de
la
lluvia.




Pablo Neruda, “La tristeza, (II)” en “Plenos poderes”, 1962





lunes, 7 de marzo de 2016

Cortázar y "la madre"


Delante de ti me veo en el espejo que no acepta cambios, ni corbata nueva ni peinarse en esta forma. Lo que veo es eso que tú ves que soy, el pedazo desprendido de tu sueño, la esperanza boca abajo y cubierta de vómitos.

     Oh, madre, tu hijo es éste, baja tus ojos para que calle el espejo y podamos reconciliar nuestras bocas. A cada lado del aire hablamos de cosas distintas con iguales palabras. Eres una columna de ceniza (yo te quemé), una toalla en la percha para las manos que pasan y se frotan, un enorme búho de ojos grises que espera todavía mi nombramiento decorativo, mi declaración conforme a la justicia, a la bondad del buen vecino, a la moral radiotelefónica.

     No puedo allegarme, mamá, no puedo ser lo que todavía ves en esta cara. Y no puedo ser otra cosa en libertad, porque en tu espejo de sonrisa blanda está la imagen que me aplasta, el hijo, verdadero y a medida de la madre, el buen pingüino rosa yendo y viniendo y tan valiente hasta el final, la forma que me diste en tu deseo: honrado, cariñoso, jubilable, diplomado.







Julio Cortázar, "La madre" en “Salvo el crepúsculo”, Edic. definitiva Alfaguara, 2009



domingo, 27 de septiembre de 2015

niño Neruda



"Me parece recordar que así nació mi primer poema y que así recibí la primera muestra distraída de la crítica literaria"






Pablo Neruda, en "Confieso que he vivido", Seix Barral, 1984





sábado, 22 de agosto de 2015

la poesía... mi casa


Al venir de Bielorrusia mi madre trajo una valija llena de libros de poemas en vez de ropa. Tengo pocos recuerdos de cómo era el interior de mi casa de mi infancia, pero recuerdo todos los libros. De algún modo la poesía fue y es mi casa.


Natalia Litvinova en "Hablemos de angustia", Fracas y Cerruti, 2013





Mi piel
no sabe
cicatrizar,
debe ser
indicio de algo,
es como
si el cuerpo
insistiera
en permanecer
abierto,
obstinado
en florecer.


Natalia Litvinova "Florecer" en: http://casajena.blogspot.com.ar/p/poemas.html 








viernes, 9 de enero de 2015

"el que tiene sed" - 2


"... Lo que  no decían los libros, lo que nadie había escrito, era esto que Esteban sentía ahora: lo innoble, lo sucio, lo infame que es el lugar por donde deambula, como por su jardín, el alcohólico. Su jardín. La ropa manchada, sudorosa y maloliente, desparramada por todas partes. El olor a orina, y a algo peor que a vómito: a podredumbre. A pura y nada poética mierda, sí señor. ... Esto era finalmente el alcohol, y quizá sobre todo era esto. Sólo un alcohólico podía deambular por su inmundicia sin que lo matara el asco..."


..................


“… Y ahora volvamos a mi Piedra de Rosetta, a nuestro asunto. El hígado, el lugar de la batalla, el aulladero humano. .. La víscera donde combaten Dios y Satanás.

… el hígado es el intermediario entre el hijo y la madre, el hígado, ya en el origen, creaba por sí mismo su propia sangre y era el mensajero entre tu sangre incipiente y la de la madre que te parió,el puente entre lo anárquico, primitivo, caótico y pluripotencial y la divina y espiritual libertad creadora que después llamamos hombre. Y nunca deja de serlo. Es lo estructurante, y lo humanamente temporal e histórico. Marca, pauta, graba lo vivido y esconde en su centro la nostalgia del lugar al que no se puede retornar. Por eso el hígado de un alcohólico, hijo, al desintegrarse, desanda el camino hacia las Grandes Madres fáusticas. Se agranda, vuelven a permeabilizarse las venas umbilicales…, se descangalla, distorsiona y anarquiza, como al principio. Y qué pasa. Se hace incapaz de conjugar la bilirrubina y reproduce una ictericia similar a la del recién nacido. Y no es todo. Se produce ascitis, que es como hablar del líquido amniótico de la etapa prenatal. Hay una vuelta a la estructura del feto… Sólo que para esa etapa, hijo querido, no hay panza materna alguna. No hay Madre Nutricia. Hay un sujeto adulto con hígado de niño, de angelito, un sólido huérfano o hijo de puta…


Ahí tenés el mito de Prometeo del siglo veinte, paparulo. Por eso los gavilanes de la cirrosis nos van a comer el hígado. Porque es el Intermediario, siempre lo fue. El Mensajero, el serafín que vuela entre el hombre y la divinidad. Entre la razón y la locura.”



...................


"... Y ahora atenti, porque cambio de tono, lo agarro por sorpresa y le chanto mi pregunta. Ahí va. Cuánto hace que dejó la bebida. Vamos, rápido.

-Seis meses y catorce días.

Y Esteban se sintió caer en una trampa. Exactamente caer. Como un vacío en el vientre, como si de pronto cediera el suelo bajo sus pies.

-Se da cuenta. Si lo apuro un poco más me dice hasta las horas. Usted, Espósito, nunca dejó de tomar. Ya no se trata de ser o no alcohólico. Usted todavía está borracho..."


..................



"... Por ahí no se nos emborracha nunca jamás. Le lavo las tripas, lo psicoterapeutizo, lo amenazo con ratones. Pero se es alcohólico como se es barrigón. Baruch Spinoza lo dijo del Ser. Toda cosa anhela perseverar en su ser. El alcohólico, es. Chupe o no..."






Abelardo Castillo,  fragmentos de "El que tiene sed", Seix Barral, 2005




lunes, 17 de marzo de 2014

hijos (¿viudos?) de una madre "todo"...


D.H. LAWRENCE

La novia

Mi amor parece una joven esta noche
pero es vieja.
Las trenzas que descansan en su almohada
no son doradas,
sino entrelazadas por una filigrana de plata
y pavorosamente heladas.
………………………………………………................…

La madre virgen
Mi pequeño amor, mi querida,
fuiste una puerta para mí:
me dejaste salir de los confines
y entrar a este extraño país
donde la gente se apiña como cardos,
eres hermosa y de buen ver.
Mi dulce amor, mi madre,
dos veces me diste sangre,
una vez con tu sangre al nacer
y otra vez con tu sufrimiento.
Y dos veces me dejaste limpio
para ver cosas doblemente espléndidas.
Y así mi amor, Oh madre,
siempre te seré fiel.
Dos veces nací, madre
como Cristo dijo que sería.
¿Y quién me daría vida por tercera vez?
Ningún amor… Soy fiel a ti.




extraído de “Diario de Poesía” Nº 80, D.H. Lawrence, fragmentos de  “Complete Poems”, London 1972, traducción de Mirta Rosenberg




ROLAND BARTHES

Diario de duelo

    26 de octubre de 1977

Primera noche de bodas.
Pero ¿primera noche de duelo?

    29 de octubre

Idea –que causa estupor pero no desolación- que ella no ha sido “todo” para mí. Si no, yo no habría escrito obra. Desde que la cuidé, desde hace seis meses, efectivamente, ella era “todo” para mí, y olvidé completamente que había escrito. Yo era perdidamente para ella. Antes, ella se hacía transparente para que yo pudiese escribir.

    30 de octubre

Muchos seres me aman todavía, pero desde ahora mi muerte no matará a ninguno. – Ahí está lo nuevo…

    6 de marzo de 1978

Mi abrigo está tan triste que la bufanda negra o gris que siempre me ponía me parece que mamá no la habría soportado y oigo su voz diciéndome que ponga un poco de color.

Por primera vez, así, tomé una bufanda de color (escocesa).

    18 de marzo de 1979

Cada vez que sueño con ella (y no sueño sino con ella), es para verla, para creerla viva, pero otra, separada.

    29 de marzo

Vivo sin ninguna preocupación por la posteridad, sin ningún deseo de ser leído más tarde… la perfecta aceptación de desaparecer completamente, ningún deseo de “monumento” –pero no puedo soportar que sea así para mamá (talvez porque ella no escribió y porque su recuerdo depende completamente de mí).



extraído de “Diario de duelo”, 26 oct 1977-15 sept 1979, R.B., Siglo XXI Editores, Mexico, 2009




domingo, 17 de noviembre de 2013

muerte... vida... una



Durar

Yo pasaré y apenas habré sido,
-frágil destino de mi pobre arcilla-.


Hijo, cuando yo no exista,
tú serás mi carne, viva.
Verso, cuando yo no hable,
tú, mi palabra inextinta.


Muerto al nacer

No aurora fue. Ni llanto. Ni un instante 
bebió la luz. Sus ojos no tuvieron 
color. Ni yo miré su boca tierna... 

Ahora, ¿sabéis?, lo siento. 
Debisteis dármelo. Yo hubiera debido 
tenerle un breve tiempo entre mis brazos, 
pues sólo para mí fue cierto, vivo... 

¡Cuántas veces me habló, desde la entraña, 
bulléndome gozoso entre los flancos!...






Ángela Figueroa Almerich, http://amediavoz.com/figuera.htm


domingo, 2 de diciembre de 2012

adolescente


¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemente sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Yo sé mucho más,
pero, a cambio, sin ninguna seguridad.

Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.

Leo y leo esos poemas.
A lo mejor éste de aquí,
si lo acortáramos,
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.

La conversación no fluye.
En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío mucho más caro y exacto.

Al despedirnos nada, una especie de sonrisa
y ninguna emoción.

Sólo cuando desaparece
y olvida con las prisas la bufanda.

Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo
por nuestra madre para ella.

Todavía la conservo.




Wislawa Szymborska, "Adolescente" en "Aquí", Bartleby Editores, 2009

martes, 18 de septiembre de 2012

de mamás y papás


Cuando revisaba los baúles me hallé a mamá. Vuelta una muñequita; cara de porcelana, y el resto del físico en fina tela. La reconocí enseguida.

¡Al fin! te encontré, le dije. No sabía que eras acá. Por algo abrí esta caja.

Ella estaba muy viva, y nos saludamos, y ella respiró la historia de nuestras vidas, en un idioma muy suave y muy lúcido y que echaba por el suelo a los demás idiomas.


Marosa di Giorgio, "La flor de lis", El cuenco de plata, 2010






Papá
esta mañana voy a recordarlo todo,
y, por sobre todo,
la vid azul,
los blancos habares,
por donde transitabas,
escondido y deslumbrante como Dios.


Marosa di Giorgio, fragmento de "Clavel y Tenebrario"




sábado, 28 de mayo de 2011

de Caperucitas

I

El camino se abría luminoso
ante sus ojos y bajo sus pies.
Ella canturreaba. No veía
que, entre los árboles del bosque, el trueno
y el relámpago se iban adentrando.
Y el lobo acompañaba a la tormenta.
Ella sólo pensaba en las palabras
últimas de su madre: "Ten cuidado.
No derrames la miel. No te entretengas".

II

Al otro lado de este bosque inmenso
me espera el mundo. Todo lo que he visto
sólo en mis sueños tiene que esperarme
al otro lado de este bosque. Es hora
de ponerme en camino, aunque el viaje
se lleve varios años de mi vida.
De pronto escucho aullar la voz de siempre,
la que siempre ha logrado detenerme:
“Al lado de este bosque, niña,
sólo espera la casa en la que mueres”.


Amalia Bautista, "Caperucita Roja I" y "Caperucita Roja II", de "Cuéntamelo otra vez", 1999

viernes, 29 de octubre de 2010

una madre para Fellini

¿Qué es Roma? ... Roma es una madre, y es la madre ideal porque es indiferente. Es una madre que tiene demasiados hijos, y por lo tanto no puede dedicarse a ti, no te pide nada, no espera nada de ti. La madre ideal, la madre que no te obliga a portarte bien. Incluso una frase tan común como: "¿Pero, quién eres tú? ¿No eres nadie!" es confortante. Porque no sólo hay desprecio en ella, sino también una carga liberadora.

Federico Fellini, "Encuentro con Federico Fellini", por Carlos D. Pérez, http://www.elsigma.com/, 14.01.2004

jueves, 14 de octubre de 2010

una vez... la madre de Borges

"... Ella colaboró conmigo. Yo estaba dictándole un cuento que se titula "La intrusa". Y todo dependía de la frase en la cual el mayor le dice al menor que ha matado a la mujer. Yo no sabía como dar con esa frase. Mi madre estaba siguiendo el dictado, muy desagradada -vos siempre con tus guarangos y tus cuchilleros- pero había entrado en el cuento. Yo le dije: “ahora llega el momento... aquí esta toda la suerte del cuento. Depende de las palabras con las cuales el mayor le dice al menor que él ha matado a la mujer que quieren los dos”. Mi madre me dijo: “dejame pensar”. Y luego con una voz del todo distinta, agregó: “Ya sé lo que le dijo”. Como si hubiera ocurrido el hecho. "Bueno, escribílo entonces", le dije yo. Lo escribió y me lo leyó: “A trabajar hermano, esta mañana la maté”. Y ella encontró la frase. Y sin esa frase, que fue muy elogiada después, el cuento se hubiera caído a pedazos. Y era de ella. Luego me dijo: “Espero que ésta sea la última vez que tratás estos temas”. Claro, sí, porque a ella no le gustaban, le parecía que era absurdo todo eso. Además decía que todos los guapos eran flojos, que yo admiraba absurdamente a impostores."

"Borges el Memorioso- conversaciones de Jorge Luis Borges con Antonio Carrizo", entrevista radial en 1979, Buenos Aires, Argentina