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lunes, 11 de diciembre de 2017


Vieja granja


La casa estaba por aquí…
¿dónde?
la busco y no la hallo
oigo una voz que perdí:

es la voz de este mismo arroyo
 ah, cuánto tiempo pasó.

(Fueron más de cincuenta años)

¡Tantos que la muerte se llevó!

(Y la vida… en los desengaños…)

La usura hizo tabla rasa
de la vieja granja triste:
no existe más la casa…

Pero el niño aun existe.


……………..



“La realidad y la imagen”



El rascacielos sube en el aire puro lavado por la lluvia
y  baja reflejado en el charco barroso del patio.

Entre la realidad y la imagen, en la tierra seca que las
                                                                                              sepa-
ra,
cuatro palomas pasan.





Manuel Bandeira, “Antología”, Traducción de Umberto Cobo







miércoles, 14 de octubre de 2015

epígrafe


Soy bien nacido. De niño,
como todos, fui feliz.
Vino luego el mal destino
lo que quiso hizo de mí.

Vino el mal genio de la vida
rompió en mi corazón,
arrasando con todo,
rugió como un tifón,
perturbó, partió, abatió,
quemó sin razón ni pena
¡Ah! qué dolor!
Lastimado y solo,
-¡solo!- mi corazón ardió.

Ardió en gritos dementes
en su pasión sombría...
Y de esas horas ardientes
quedó esta ceniza fría.





Manuel Bandeira, "Epígrafe" en "MB Antología", Arquitrave



domingo, 27 de septiembre de 2015

niño Neruda



"Me parece recordar que así nació mi primer poema y que así recibí la primera muestra distraída de la crítica literaria"






Pablo Neruda, en "Confieso que he vivido", Seix Barral, 1984





jueves, 11 de diciembre de 2014

cuando la prosa es un poema...

407.

Dios me creó para niño, y me mantuvo niño siempre. ¿Pero por qué permitió que la Vida me golpease y me quitase los juguetes, y me dejase solo en el recreo, arrugando con manos tan débiles el delantal azul sucio a fuerza de tantas lágrimas derramadas? ¿Si yo no podía vivir sino mimado, por qué me privaron del cariño? Ah, cada vez que veo en las calles un niño que llora, un niño exiliado de los otros, me duele, más que la tristeza del niño, el horror desprevenido de mi corazón exhausto. Me sufro con todo el peso de la vida sentida, y son mías las manos que retuercen la punta del delantal, mías las bocas torcidas por el llanto verdadero, mía la debilidad, mía la soledad, y las risas de la vida adulta que pasa me usan como luces de fósforos frotados en el estuche sensible de mi corazón.






Fernando Pessoa como Bernardo Soares, "407" en "Libro del desasosiego", Emecé, 2010