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sábado, 19 de enero de 2019

"quiero morir con vida..."


Quiero morir con vida. Juro que sólo moriré aprovechando hasta el último instante. Hay una plegaria profunda en mí que no sé cuándo va a nacer. Me gustaría tanto morir de salud...

.....

Además no quiero morir. Me rebelo contra "Dios". ¿Vamos a no morir como desafío?

No voy a morir, ¿oíste, Dios? No tengo valor, ¿oyes? Porque es una infamia nacer para morir no se sabe cuándo ni dónde. Voy a estar alegre, ¿oíste? Como respuesta, como insulto. Garantizo algo: nosotros no somos los culpables. Es necesario entender mientras estoy viva, ¿oíste?, porque después será demasiado tarde.

.....

Ah, vivir es tan incómodo. Todo aprieta. El cuerpo exige, el espíritu no para, vivir parece tener sueño y no poder dormir; vivir es incómodo. No se puede andar desnudo ni de cuerpo ni de espíritu.

¿No te dije que vivir es apretado?...

.....

Hoy es domingo a la mañana. En este domingo de sol y de Júpiter estoy sola en casa. Me doblé de repente en dos y hacia delante como en profundo dolor de parto -y ví que la niña en mí moría. Nunca olvidaré este domingo sangriento. Para cicatrizar llevará tiempo. Y aquí estoy dura silenciosa y heroica. Sin niña dentro de mí. Todas las vidas son vidas heroicas.

.....




Clarice Lispector, "Agua viva" (fragmentos), El cuenco de plata, 2010




jueves, 3 de mayo de 2018

privilegio del suicida


El que se mata mata al que lo amaba.
Detiene el tiempo -el tiempo que es de todos
y no era sólo suyo-
en un instante: aquél en que alzó el vaso
colmado de veneno;
en que segó la yugular; en que
hendió con largos gritos el vacío.

Ah, la memoria atónita, sin nada más que un
huésped;
la atención que regresa como un tábano
siempre hasta el mismo punto intraspasable
y la esperanza que amputó sus pies
para ya no tener que ir más allá.

Ay, el sobreviviente,
el que se pudre a plena luz, sepulcro
de par en par abierto,
paseante de hediondeces y gusanos,
presencia inerme ante los ojos fijos
del juez ¿y quién entonces
no osa empuñar la vara del castigo?

¡Condenación a vida!

(Mientras el otro, sin amarraduras,
alcanza la inocencia del agua, las esencias
simplísimas del aire
y, materia fundida en la materia
como el amante en brazos del amor,
se reconcilia con el universo.)



Rosario Castellanos, "Privilegio del suicida" en "Poesía no eres tú", 2004



domingo, 15 de octubre de 2017

los pasos... lejanos



Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...;
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.


César Vallejo, "Los pasos lejanos"



Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio

en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos,  todos pasan

sin preguntarme ni pedirme nada…

Y no sé qué se olvidan y se queda

mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,

y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,

yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;

y hoy he muerto qué poco en esta tarde!




César Vallejo, "Ágape"








  

jueves, 29 de junio de 2017





ciruelo de mi puerta:

si yo no regresara,

la primavera siempre volverá.

Tú, florece.








Anónimo, Japón, Siglo XII




jueves, 1 de septiembre de 2016

certeza



Morir
después de despedirme
de las palabras, una a una.
Al final,
descontada la lágrima
queda una única certeza:
no hay muerte
que baste
para dejar de vivir.




Mia Couto, traducción de Jorge Espina en:



viernes, 15 de abril de 2016

donde hubo una espera ya no hay nada


Donde hubo una espera
ya no hay nada;
mi perro me ha enseñado a morir.

Nunca escribí su nombre,
hoy tampoco lo escribo.
Él no podía decirlo
y lo borró con él.

La lámpara apagada
tiene una claridad
que redime el engaño
del azar de encenderse.

¿Adónde llega todo
si nada lo recibe?

Casi sin darme cuenta
he encendido una luz
sobre el foso cubierto
mientras un hueco nuevo
que apenas se nota
muerde algo más el sueño
de creer que vivimos.



Roberto Juárroz, Poesía Vertical, 92 - XIV










miércoles, 10 de febrero de 2016

No volveré a ser joven



Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.








Jaime Gil de Biedma, "No volveré a ser joven" en  "Poemas póstumos" 1968





lunes, 23 de noviembre de 2015

de copas



Con los días contados,
chaval, así vivimos
todos. Esperando
a que nos tachen
de la lista. Distrayendo
la espera con tragos
y canciones. No hay más.
Puedes llorar o morirte
de risa. Como prefieras.




Karmelo Iribarrenen, "De copas con Ciorán" en "La ciudad", Renacimiento, 2008




domingo, 15 de noviembre de 2015

escribir


Si me quitan la palabra escribiré con el silencio.
Si me quitan la luz escribiré en tinieblas.
Si pierdo la memoria me inventaré otro olvido.
Si detienen el sol, las nubes, los planetas,
me pondré a girar.
Si acallan la música cantaré sin voz.
Si queman el papel, si se secan las tintas,
si estallan las pantallas de los ordenadores,
si derriban las tapias, escribiré en mi aliento.
Si apagan el fuego que me ilumina
escribiré en el humo.
Y cuando el humo no exista
escribiré en las miradas que nazcan sin mis ojos.
Si me quitan la vida escribiré con la muerte.


Ángel Guinda, “Escribir” en “Poemas para los demás”






viernes, 6 de noviembre de 2015

conflicto de fuerzas...



No a todo alcanza Amor, pues que no puedo
romper el gajo con que Muerte toca.
Mas poco Muerte puede
si en corazón de Amor su miedo muere.
Mas poco Muerte puede, pues no puede
entrar su miedo en pecho donde Amor.
Que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.



Macedonio Fernández, "Creía yo"





miércoles, 14 de octubre de 2015

epígrafe


Soy bien nacido. De niño,
como todos, fui feliz.
Vino luego el mal destino
lo que quiso hizo de mí.

Vino el mal genio de la vida
rompió en mi corazón,
arrasando con todo,
rugió como un tifón,
perturbó, partió, abatió,
quemó sin razón ni pena
¡Ah! qué dolor!
Lastimado y solo,
-¡solo!- mi corazón ardió.

Ardió en gritos dementes
en su pasión sombría...
Y de esas horas ardientes
quedó esta ceniza fría.





Manuel Bandeira, "Epígrafe" en "MB Antología", Arquitrave



jueves, 3 de septiembre de 2015

entro en la palabra... me quedo



Poema escrito por Jorge Oteiza tras la muerte de su esposa, Itziar Carreño, en diciembre de 1991, y que luego sirvió para despedirle en abril 2003, en Alzuza, donde ambos reposan juntos:


He visto morir a Itziar, no he podido hacer nada.
Me acerco, lloro junto al árbol, miramos los dos al cielo.
Seguramente no estás ya en ninguna parte, solamente aquí, en mí, conmigo.
La ha besado la muerte.
Baja en su rostro lentamente, de Dios, una lágrima de sufriente, infinita dulzura.
Me acerco a Dios. En lo alto de una colina lo veo desaparecer.
Le seguían a distancia unos campesinos con alas.
Entro y salgo en la palabra.
Entro en el muro y salgo.
Entro en mi cuerpo y salgo.
No es tan incompleto mi cuerpo, mi país.
Entro en mi país y salgo.
Entro en la palabra. Me quedo.
Os digo que no estoy.
Estamos en el fin. A ninguna parte hemos llegado.
Ponedme en la mano tierra, tierra alrededor.
Ya no queda tierra para uno, pronto.
La tierra es para todos. A mí, acostadme de un lado.
Que sea del derecho. Es como duermo.
Y no me toquéis. No quiero nada encima, sólo hierba.
Que pueda sentir una vaca que pasea.
Que la meada de la vaca o de un pollino me llegue hasta el costado izquierdo. Tierra a la vista.
Llego un poco tarde, perdonadme.
Ya estamos todos. Podéis mezclar nuestros huesos.







viernes, 17 de julio de 2015

no tienes más recuerdo que tu vida...



Nunca recordaremos haber muerto.

Tanta paciencia
para ser tuvimos
anotando
los números, los días,
los años y los meses,
los cabellos, las bocas que besamos,
y aquel minuto de morir
lo dejaremos sin anotación;
se lo damos a otros de recuerdo
o simplemente al agua,
al agua, al aire, al tiempo.
Ni de nacer tampoco
guardamos la memoria,
aunque importante y fresco fue ir naciendo:
y ahora no recuerdas un detalle,
no has guardado ni un ramo
de la primera luz.

Se sabe que nacemos.

Se sabe que en la sala
o en el bosque
o en el tugurio del barrio pesquero
o en los cañaverales crepitantes
hay un silencio enteramente extraño,
un minuto solemne de madera
y una mujer se dispone a parir.

Se sabe que nacimos.

Pero de la profunda sacudida
de no ser a existir, a tener manos,
a ver, a tener ojos,
a comer y llorar y derramarse
y amar y amar y sufrir y sufrir,
de aquella transición o escalofrío
del contenido eléctrico que asume
un cuerpo más como una copa viva,
y de aquella mujer deshabitada,
la madre que allí queda con su sangre
y su desgarradora plenitud
y su fin y comienzo, y el desorden
que turba el pulso, el suelo, las frazadas,
hasta que todo se recoge y suma
un nudo más el hilo de la vida,
nada, no quedó nada en tu memoria
del mar bravío que elevó una ola
y derribó del árbol una manzana oscura.

No tienes más recuerdo que tu vida.





Pablo Neruda, "Los nacimientos" en "Cantos ceremoniales, Plenos poderes", Debolsillo, 2004



lunes, 13 de abril de 2015

Eduardo Galeano: queda eso, las palabras...




Tengo el cuerpo todo lleno de palabras. En los análisis de sangre, siempre aparecen más palabras que glóbulos:

—El colesterol está dentro de los límites, pero las palabras... —me dice el médico, y frunce el ceño.

Las palabras me caminan adentro, mientras yo camino. En mis ires y venires a lo largo de la costa de Montevideo, las palabras van y vienen todo a lo largo de mí: ellas se buscan, se encuentran, se juntan, y juntas crecen y se van convirtiendo en cuentos que quieren ser contados. Entonces las palabras golpean a las puertas de mi cuerpo, la puerta de la boca, la puerta de la mano, queriendo salir, queriendo darse, mientras yo me dejo ir por la orilla del río ancho como mar. Fue a la orilla de ese río-mar donde alguna vez también yo golpeé a las puertas de un cuerpo, queriendo salir, queriendo darme, y fui nacido.







Eduardo Galeano, "Caminares"







lunes, 17 de noviembre de 2014

atardece



es la hora en la que el vivir duda.

una línea en sesgo dibuja
sobre la medianera
de un edificio
la frontera entre el día y su sombra

la avidez y el abatimiento.

ni más allá ni más acá: ni dios ni
yo, sólo márgenes,
líneas

fatiga de nombrar los afueras
de cada nombre

cornisas y umbral hacia lo que calla,
lo que sólo el fracaso, a veces,
                            en algún atardecer, escucha.

al comienzo se busca
lo alto, después, caída a caída,
                            se muere raíces.






Hugo Mujica, “Atardece” en “Noche abierta”, Pre-textos Poesía, 1999


jueves, 4 de septiembre de 2014

jueves, 22 de mayo de 2014

Instrucciones para dar cuerda al reloj



Allá en el fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus pequeños rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.





Julio Cortázar, de "Manual de instrucciones" en "historias de Cronopios y de Famas", Alfaguara, 2000





lunes, 5 de mayo de 2014

espantado por mí





morir cada día un poco más
recortarse las uñas
el pelo
los deseos
aprender a pensar en lo pequeño
y en lo inmenso
en las estrellas más lejanas
e inmóviles
en el cielo
manchado como un animal que huye
en el cielo
espantado por mi





Blanca Varela, "Morir cada día un poco más"


jueves, 20 de marzo de 2014

radar en la tormenta





Y alguna vez, no siempre, guiado por el radar
el poema aterriza en la pista, a ciegas,
                                          (entre relámpagos)
carretea bajo la lluvia, y al detener sus turbinas,
    descienden
de él, pasajeros aliviados de la muerte: las palabras.








Alfredo Veiravé, de "Puntos luminosos" (1970)
http://actaliteraria.blogspot.com/2013/03/alfredo-veirave.html