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martes, 9 de enero de 2018

"para que siga vacía"



No llega en tropel.
No se reúne multitudinariamente.
No participa en masa.
No celebra a lo grande.

No saca de sí mismo
una voz coral.
No declara ante todos y cada uno.
No afirma en nombre de.
No en su presencia
este interrogatorio:
quién a favor, quién en contra,
gracias, nadie.

Falta su cabeza
donde cabezas y más cabezas,
donde paso a paso, hombro con hombro
y adelante hasta alcanzar el objetivo
con propaganda en los bolsillos
y el producto del lúpulo.

Donde sólo al principio
todo idílico y angélico,
porque pronto un tumulto
con otro se mezcla
y nunca se sabrá
de quién, ay, de quién
son estas piedras y flores,
estos vivas y palos.

Ni mencionado.
Ni espectacular.
Está empleado en el Servicio de Limpieza.
Al despuntar el alba,
en el sitio donde tuvo lugar todo,
recoge, lleva, arroja al contenedor
lo clavado en árboles medio muertos,
lo aplastado en la fatigada hierba.

Pancartas rasgadas,
botellas quebradas,
peleles quemados,
huesos mordisqueados,
rosarios, silbatos y preservativos.

Una vez encontró en los arbustos una jaula de palomas.
Se la llevó
y para eso la tiene,
para que siga vacía.




Wislawa Szymborska, "Alguien a quien observo desde hace un tiempo" en
"Hasta aquí" - Bartleby Editores

domingo, 15 de octubre de 2017

los pasos... lejanos



Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...;
si hay algo en él de amargo, seré yo.

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.
Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja y que cruje,
son dos viejos caminos blancos, curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.


César Vallejo, "Los pasos lejanos"



Hoy no ha venido nadie a preguntar;

ni me han pedido en esta tarde nada.

No he visto ni una flor de cementerio

en tan alegre procesión de luces.
Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En esta tarde todos,  todos pasan

sin preguntarme ni pedirme nada…

Y no sé qué se olvidan y se queda

mal en mis manos, como cosa ajena.

He salido a la puerta,

y me da ganas de gritar a todos:
Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,

yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

Hoy no ha venido nadie;

y hoy he muerto qué poco en esta tarde!




César Vallejo, "Ágape"








  

viernes, 26 de junio de 2015

ausencia de mí...


Hablo de soledad
porque estoy solo.
Soledad es un pez que nada el tiempo,
la soledad es una puerta abierta
que da a puertas abiertas
y vacías.
No es ausencia de gente el estar solo.
Es ausencia de mí entre la gente.
El que no está soy yo,
y ellos no saben,
soledad es morirse a cualquier hora
junto al museo de los medicamentos.

Soledad es un agua que no hay,
un sol que se ha dormido en los cristales,
silla que no hace juego,
un hueco en la memoria,
soledad es un hombre solitario
que se acerca a mirar las papeleras.
Hoy me he visto a mí mismo,
fastuoso de soledad, como un mendigo,
mirando una lejana papelera
y sacando un periódico del fondo
que es el mismo que lleva en el bolsillo,
porque lo sacó ayer, y así por siempre.





Francisco Umbral, "La soledad", 23-IV-2001




lunes, 10 de noviembre de 2014

"...por alguna herida que no ubico"


            La mirada, la mía, adherida a los chirridos de las cosas. Mundo de silencio. Yo preciso inventarme en la noche, con palabras que tanto me cuestan. Y es siempre la sed ávida, aviesa, triste, como llevar un color marchito en la mano, una pluma desplumada. Me trago mi sed, me la bebo, la rumio con hastío invisible. Cada noche mi mirada se rebela. Mis ojos se toman en serio, se recuerdan, se comprometen: descartan los muelles y el río y los libros y las caras que sucedieron bajo el sol de agosto. Se abren mis ojos. Me obligan a seguirlos por altitudes de sombra y silencio y vientos y frío.

            Pero para saberlo necesito escribir. Sola no puedo enterarme de mí ni lo deseo. La complicidad de la palabra que mis ojos enjaulan es una especie de campana de mi soledad. Cuando leo que dije soledad o silencio me descubro al instante, en un rincón de la habitación miedosa y perdida pero reencontrada de alguna manera. Aunque nada de esto tenga que ver con la validez o deficiencia de lo que escribo, sé, de una manera visionaria, que moriré de poesía. Esto no lo comprendo perfectamente, es vago, es lejano, pero lo sé y lo aseguro. Tal vez ya sienta los síntomas iniciales: dolor en donde se respira, sensación de estar perdiendo mucha sangre por alguna herida que no ubico.





Alejandra Pizarnik, fragmento del 11 de agosto de 1962 en “Diarios”, Lumen, 2010



lunes, 21 de julio de 2014

cuando les falta el retorno


Tengo un pájaro negro
para que vuele de noche.
Y para que vuele de día
tengo un pájaro vacío.

Pero he descubierto
que ambos se han puesto de acuerdo
para ocupar el mismo nido,
la misma soledad.

Por eso, a veces,
suelo quitarles ese nido,
para ver qué hacen
cuando les falta el retorno.

Y así he aprendido
un increíble dibujo:
el vuelo sin condiciones
en lo absolutamente abierto.

(para Laura, todavía)







Roberto Juarroz, "9" de "Octava Poesía Vertical - 1984" en "Poesía Vertical I", Emecé, 2005


martes, 3 de diciembre de 2013

Alejandro Urdapilleta: a mí me hiciste reír... y llorar



"Lo que más disfruto en la vida:

estar arriba del escenario
ensayar
ayudar a mis padres en este momento
estar solo
leer y escribir

-No me río de lo que está hecho para reírse, no me causa gracia eso.

-Me hace llorar todo... una propaganda me hace llorar... por cualquier cosa lloro."

..........................................................................................

"¿Cómo le gustaría morir?

- En una cama grande, cómoda, sin tubos ni sueros ni nada médico. Con los ojos abiertos, drogado con una poderosa morfina, ni el más ligero dolor, creyendo y viendo que estoy en una casa enorme en el campo donde viví desde los ocho a los diez, con toda mi familia por ahí, como si no pasara nada, mirándolos, escuchándolos y que mi vieja me pusiera una manta por el frío, un tapado de piel que tenía, que me diese un beso en la frente y se fuese apagando la luz mientras me voy durmiendo, como el final de una película preciosa y sin dejar de oír la voz de mi madre."





Fragmento entrevista en "Hemisferio derecho", con Luis Majul, 2007

Fragmento del  "Cuestionario proust Alejandro Urdapilleta", 5 DE MAYO DE 2009, http://elblogdeurdapilleta.blogspot.com.ar




jueves, 31 de octubre de 2013

voces de cine para amar (4)




Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto y por sabor.

Sin un temblor de más,
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna maldición.

Mis huéspedes concurren,
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor.
Yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan a su hambre
miran y miran
y apagan la jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos.

Y es una soledad
tan desolada.






Mario Benedetti, " Rostro de vos"
en la voz de D. Grandinetti, film "El lado oscuro del corazón" de Eliseo Subiela