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viernes, 4 de enero de 2019
nada sabemos
Nunca sabremos si los engañados
son los sentidos o los sentimientos,
si viaja el tren o viajan nuestras ganas,
si las ciudades cambian de lugar
o si todas las casas son la misma.
Nunca sabremos si quien nos espera
es quien debe esperarnos, ni tampoco
a quién tenemos que aguardar en medio
del frío de un andén. Nada sabemos.
Avanzamos a tientas y dudamos
si esto que se parece a la alegría
es sólo la señal definitiva
de que hemos vuelto a equivocarnos.
Amalia Bautista, "Nada sabemos", en "Roto Madrid", 2008
jueves, 1 de mayo de 2014
ida y vuelta
Cuando nos dirigimos al amor
todos vamos ardiendo.
Llevamos amapolas en los labios
y una chispa de fuego en la mirada.
Sentimos que la sangre
nos golpea las sienes, las ingles, las muñecas.
Damos y recibimos rosas rojas
y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra.
Cuando volvemos del amor, marchitos,
rechazados, culpables
o simplemente absurdos,
regresamos muy pálidos, muy fríos.
Con los ojos en blanco, más canas y la cifra
de leucocitos por las nubes,
somos un esqueleto y su derrota.
Pero seguimos yendo.
Amalia Bautista, "Ida y vuelta"
sábado, 22 de febrero de 2014
y lo vuelvo a compartir...
Todos necesitamos que nos quieran.
Algunos infelices, sin embargo,
no sabemos vivir para otra cosa.
Amalia Bautista, "Algunos infelices", de "Estoy ausente", 2004
domingo, 12 de mayo de 2013
la foto
martes, 19 de julio de 2011
a dieta
Me acosté sin cenar, y aquella noche
soñé que te comía el corazón.
Supongo que sería por el hambre.
Mientras yo devoraba aquella fruta,
que era dulce y amarga al mismo tiempo,
tú me besabas con los labios fríos,
más fríos y más pálidos que nunca.
Supongo que sería por la muerte.
Amalia Bautista, "A dieta"
sábado, 28 de mayo de 2011
de Caperucitas
I
El camino se abría luminoso
ante sus ojos y bajo sus pies.
Ella canturreaba. No veía
que, entre los árboles del bosque, el trueno
y el relámpago se iban adentrando.
Y el lobo acompañaba a la tormenta.
Ella sólo pensaba en las palabras
últimas de su madre: "Ten cuidado.
No derrames la miel. No te entretengas".
II
Al otro lado de este bosque inmenso
El camino se abría luminoso
ante sus ojos y bajo sus pies.
Ella canturreaba. No veía
que, entre los árboles del bosque, el trueno
y el relámpago se iban adentrando.
Y el lobo acompañaba a la tormenta.
Ella sólo pensaba en las palabras
últimas de su madre: "Ten cuidado.
No derrames la miel. No te entretengas".
II
Al otro lado de este bosque inmenso
me espera el mundo. Todo lo que he visto
sólo en mis sueños tiene que esperarme
al otro lado de este bosque. Es hora
de ponerme en camino, aunque el viaje
se lleve varios años de mi vida.
De pronto escucho aullar la voz de siempre,
la que siempre ha logrado detenerme:
“Al lado de este bosque, niña,
sólo espera la casa en la que mueres”.
Amalia Bautista, "Caperucita Roja I" y "Caperucita Roja II", de "Cuéntamelo otra vez", 1999
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