Mostrando entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de mayo de 2018

lo que ya necesita es florecer...


A "La Sebastiana" 


Yo construí la casa.

La hice primero de aire.
Luego subí en el aire la bandera
y la dejé colgada
del firmamento, de la estrella, de
la claridad y de la oscuridad.

Cemento, hierro, vidrio,
eran la fábula,
valían más que el trigo y como el oro,
había que buscar y que vender,
y así llegó un camión:
bajaron sacos
y más sacos,
la torre se agarró a la tierra dura
-pero, no basta, dijo el constructor,
falta cemento, vidrio, fierro, puertas-,
y no dormí en la noche.

Pero crecía,
crecían las ventanas
y con poco,
con pegarle al papel y trabajar
y arremeterle con rodilla y hombro
iba a crecer hasta llegar a ser,
hasta poder mirar por la ventana,
y parecía que con tanto saco
pudiera tener techo y subiría
y se agarrara, al fin, de la bandera
que aún colgaba del cielo sus colores.

Me dediqué a las puertas más baratas,
a las que habían muerto
y habían sido echadas de sus casas,
puertas sin muro, rotas,
amontonadas en demoliciones,
puertas ya sin memoria,
sin recuerdo de llave,
y yo dije: "Venid
a mi, puertas perdidas:
os daré casa y muro
y mano que golpea,
oscilaréis de nuevo abriendo el alma,
custodiaréis el sueño de Matilde
con vuestras alas que volaron tanto."

Entonces la pintura
llegó también lamiendo las paredes,
las vistió de celeste y de rosado
para que se pusieran a bailar.
Así la torre baila,
cantan las escaleras y las puertas,
sube la casa hasta tocar el mástil,
pero falta dinero:
faltan clavos,
faltan aldabas, cerraduras, mármol.
Sin embargo, la casa
sigue subiendo
y algo pasa, un latido
circula en sus arterias:
es tal vez un serrucho que navega
como un pez en el agua de los sueños
o un martillo que pica
como alevoso cóndor carpintero
las tablas del pinar que pisaremos.

Algo pasa y la vida continúa.
La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada en un andamio,
y como por el mar la primavera
nadando como náyade marina
besa la arena de Valparaíso,

ya no pensemos más: ésta es la casa:

ya todo lo que falta será azul,

lo que ya necesita es florecer.
Y eso es trabajo de la primavera.







Casa "La Sebastiana", sobre el cerro Bellavista en Valparaíso.
Neruda le dedicó este poema, luego incluido en "Plenos poderes"(1961-1962):






vistas desde el interior de la casa
(bahía y puerto de Valparaíso)


(fotografías de Mónica Pía)






jueves, 29 de junio de 2017





ciruelo de mi puerta:

si yo no regresara,

la primavera siempre volverá.

Tú, florece.








Anónimo, Japón, Siglo XII




viernes, 7 de abril de 2017

no es caída





No es caída.
Aunque sea tiempo de caída
y todo caiga a nuestro alrededor.

No es sangre seca
aunque en los dedos quede
polvo rojo.

No te lo creas.
Es fruto y bendición de otoño
y dentro se sostiene. Es primavera,
dentro.

Tenemos todo el cuerpo por delante
y cuatro manos para abrirnos paso.





Vanesa Pérez-Sauquillo, en "Bajo la lluvia equivocada", Hiperión, 2006







domingo, 21 de septiembre de 2014

no sólo las flores...

Se repite una vez, más hacia el fondo
la húmeda primavera:
mete los dedos entre las raíces,
toca el hombre escondido.

Yo dormía allá abajo,
yo dormía.

Abre sus labios verdes,
se levanta:
es hombre, o planta, o río,
es ávida cintura,
es boca de agua.

Llegó la hora,
existo,
soy de luz y de arena.
..................................................................

Pablo Neruda, "Ciclo" en "Las manos del día", Edit. Losada, Bs. As., 1968