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viernes, 9 de noviembre de 2012

veo a mi alma


Mi alma es una gasa inmensa, livianísima; está por todo; es una mariposa espesa, cuyas firmes piernas de hilo asen lo que fue o es de mí. Y para siempre. Tiene apretados los vestidos antiguos, las trenzas, las caravanas en forma de trébol; y lo de ahora, dijes, figuritas de vidrio o porcelana, que me rodean. No quiebra nada.

Mi alma va a la chacra y trae cosas, visita la bodega, el altar, la cocina, la casa y trae cosas, tinajas, pomelos, zapallos y demás, y los vende por el camino en los días de necesidad, y me trae los resultados.

¿Cómo? Ella, tan leve y tan magna! ¿Cómo? si ya voló hace tiempo, la chacra, si no hay nadie, nada, sólo un vacío campo con matas de frambuesas salvajes.

Pero ella va y me trae cosas.

En esta noche de asiduos relámpagos y tormentas, ocupa un pequeño sitio, parece un tul arrollado. Veo a mi alma. En la honda oscuridad están sus ojos brillantes, fijos, celestes, de muñeca.



Marosa de Giorgio, "La flor de lis", Edit. El cuenco de plata, 2010


martes, 18 de septiembre de 2012

de mamás y papás


Cuando revisaba los baúles me hallé a mamá. Vuelta una muñequita; cara de porcelana, y el resto del físico en fina tela. La reconocí enseguida.

¡Al fin! te encontré, le dije. No sabía que eras acá. Por algo abrí esta caja.

Ella estaba muy viva, y nos saludamos, y ella respiró la historia de nuestras vidas, en un idioma muy suave y muy lúcido y que echaba por el suelo a los demás idiomas.


Marosa di Giorgio, "La flor de lis", El cuenco de plata, 2010






Papá
esta mañana voy a recordarlo todo,
y, por sobre todo,
la vid azul,
los blancos habares,
por donde transitabas,
escondido y deslumbrante como Dios.


Marosa di Giorgio, fragmento de "Clavel y Tenebrario"




sábado, 6 de noviembre de 2010

anoche realicé el retorno

Anoche realicé el retorno; todo sucedió como lo preví. El plantío de hortensias. La Virgen? paloma de la noche? vuela que vuela, vigila que vigila. Pero, los plantadores de hortensias, los recolectores, dormían lejos, en sus chozas solitarias. Y mi jardín está abandonado. Las papas han crecido tanto que ya asoman como cabezas desde abajo de la tierra, y los zapallos, de tan maduros, estiran unos cuernos largos, dulces, sin sentido; hay demasiada carga en los nidales, huevos grandes, huevos pequeñitos; la magnolia parece una esclava negra sosteniendo criaturas inmóviles, nacaradas.

Toqué apenas la puerta; adentro me recibieron el césped, la soledad. En el aire de las habitaciones, del jardín, hasta han surgido ya, unos planetas diminutos, giran casi al alcance de la mano, sus rápidos colores.

Y el abuelo está allí todavía ¿sabes? como un gran hongo, una gran seta, suave, blanca, fija.

No me conoció.


Marosa di Giorgio, "Los papeles salvajes", Adriana Hidalgo Edit, 1991