A mi abuelo Laureano, in memoriam Es verano. Nos acostamos sobre la hierba a la sombra de un árbol. Contemplamos las ramas, no vemos el mismo árbol. Yo digo que es un olmo, tú dices que es un cerezo. Para tí todo son cerezos, existe una mirada interior. Aunque te prestara mis ojos no verías el mismo árbol sonríes. Te parece bien que yo vea un olmo sonríes. Aunque me prestaras tus ojos no vería el mismo árbol. Pasa el tiempo. Tú ya no estás. Todos los olmos se tornan Cerezos.