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jueves, 30 de junio de 2016

siberiana




Miro hacia adelante y soy como el paisaje
en el que nací, donde las mujeres son felices
lavando ropa en el río y la escarcha arrasada
por la corriente les raspa la piel.

Llevo la sangre de las mujeres 
que vuelven a casa enrojecidas
como si ocultaran un amor.






El día que nací


recuerdo el día que nací.

llovía y los árboles soltaban todos sus frutos, la fertilidad
de los ríos era capaz de matarnos.

recuerdo el día que nací.

tenía los ojos ciegos, la boca muda y el alma intocable.

mi padre me prestó su mano para que yo no supiera
qué hacer con ella.

amo las manos de mi padre, origen de toda creación
y de la fe.

recuerdo los abismos del vacío, los límites, el calor
del alba sobre mi nuevo rostro.

mis manos extendidas al no saber.





Natalia Litvinova, "Siberiana", de "Siguiente vitalidad" en 

y "El día que nací"


viernes, 28 de agosto de 2015

miedo de ser escarcha


Cuando nacimos 

Cuando nacimos
ya habían traducido el mundo 
en un lenguaje equivocado. 
Las cifras estaban destinadas. 
Las fórmulas tenían veneno. 
Tuvimos que aprender 
a respirar debajo del agua 
y seguimos esperando 
que la piel del tiempo
no nos vuelva locos. 
No queremos ser tratantes. 
No queremos ser esclavos. 
Continuamos una senda de sangre. 
No olvidamos de qué está hecho el camino, 
no olvidamos.



El problema ahora 

es que hay muchos vigilantes 
y pocos locos. 
El problema ahora 
es que la jaula está 
en el interior del pájaro.










David Eloy Rodríguez, en "Miedo de ser escarcha"

file:///C:/Users/AcerV5/Downloads/cuaderno-de-poesia-critica-n-38-david-eloy-rodriguez.pdf









viernes, 17 de julio de 2015

no tienes más recuerdo que tu vida...



Nunca recordaremos haber muerto.

Tanta paciencia
para ser tuvimos
anotando
los números, los días,
los años y los meses,
los cabellos, las bocas que besamos,
y aquel minuto de morir
lo dejaremos sin anotación;
se lo damos a otros de recuerdo
o simplemente al agua,
al agua, al aire, al tiempo.
Ni de nacer tampoco
guardamos la memoria,
aunque importante y fresco fue ir naciendo:
y ahora no recuerdas un detalle,
no has guardado ni un ramo
de la primera luz.

Se sabe que nacemos.

Se sabe que en la sala
o en el bosque
o en el tugurio del barrio pesquero
o en los cañaverales crepitantes
hay un silencio enteramente extraño,
un minuto solemne de madera
y una mujer se dispone a parir.

Se sabe que nacimos.

Pero de la profunda sacudida
de no ser a existir, a tener manos,
a ver, a tener ojos,
a comer y llorar y derramarse
y amar y amar y sufrir y sufrir,
de aquella transición o escalofrío
del contenido eléctrico que asume
un cuerpo más como una copa viva,
y de aquella mujer deshabitada,
la madre que allí queda con su sangre
y su desgarradora plenitud
y su fin y comienzo, y el desorden
que turba el pulso, el suelo, las frazadas,
hasta que todo se recoge y suma
un nudo más el hilo de la vida,
nada, no quedó nada en tu memoria
del mar bravío que elevó una ola
y derribó del árbol una manzana oscura.

No tienes más recuerdo que tu vida.





Pablo Neruda, "Los nacimientos" en "Cantos ceremoniales, Plenos poderes", Debolsillo, 2004



lunes, 13 de abril de 2015

Eduardo Galeano: queda eso, las palabras...




Tengo el cuerpo todo lleno de palabras. En los análisis de sangre, siempre aparecen más palabras que glóbulos:

—El colesterol está dentro de los límites, pero las palabras... —me dice el médico, y frunce el ceño.

Las palabras me caminan adentro, mientras yo camino. En mis ires y venires a lo largo de la costa de Montevideo, las palabras van y vienen todo a lo largo de mí: ellas se buscan, se encuentran, se juntan, y juntas crecen y se van convirtiendo en cuentos que quieren ser contados. Entonces las palabras golpean a las puertas de mi cuerpo, la puerta de la boca, la puerta de la mano, queriendo salir, queriendo darse, mientras yo me dejo ir por la orilla del río ancho como mar. Fue a la orilla de ese río-mar donde alguna vez también yo golpeé a las puertas de un cuerpo, queriendo salir, queriendo darme, y fui nacido.







Eduardo Galeano, "Caminares"







jueves, 5 de diciembre de 2013

"y el viento es herida que viene del mar"


Jorge Curinao


NACIMIENTO

Entrar al mundo
por la puerta más pequeña:

cuestión de todas las noches.


del libro “Sábanas de viento”, 2006



ABANDONO

Un perro
cruza el puente

 El último gesto de la noche quiere huesos.


del libro “Plegarias del humo”, 2009



PAISAJE

A veces
a mí también me quisieron.

Era verano
y un pájaro golpeaba desde afuera.


HISTORIA

Cómo explicar la sensación
de llegar a la orilla
y no saber nadar.


del libro “Cactus”, 2011




Bendito duelo estar solo:
conversan las preguntas.

...

En el muro,  afuera
escribí el nombre del niño
que burlaba las certezas:  aún conservo sus manos.

...

Se puede ser uno mismo
empezando de a pedacitos.

...

A veces
el mundo puede ser una ventana.

...

Morir
es cubrirse de nieve.


del libro  “Nadando”, 2012




Cada tarde abríamos las ventanas para darle paso al tiempo. La casa tenía el rumor de los grillos perdidos. A veces el color era el mismo. Descubrir uno distinto era toda nuestra aventura.


del libro inédito “Otros animales”