Como de niño no quise jugar con la arena de las playas (terrible carencia de la que me resentí toda la vida) ya, fuera de edad, me ha venido el deseo de jugar y, en este momento, de jugar con los sonidos...
...una nota, una nota que sólo se escucha a sí misma, una nota a través de todo, una nota baja como una patada en el vientre, una nota añosa, una nota como un minuto que tuviera que taladrar un siglo, una nota sostenida a través de la discordancia de las voces, una nota como una advertencia de muerte, una nota me avisa durante toda esa hora.
En mi música, hay mucho silencio.
Hay sobre todo silencio.
Hay ante todo un silencio que tiene que ocupar un lugar.
El silencio es mi voz, mi sombra, mi llave... signo que no me agota que en mí se nutre.
Se extiende, se despliega, me bebe, me consume. Mi enorme sanguijuela en mí se acuesta.
Henri Michaux,"Primeras impresiones" (fragmento), "Antología Poética 1927-1986"
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viernes, 11 de marzo de 2016
viernes, 7 de marzo de 2014
Michaux por Pizarnik
... En Passages, Michaux convoca tantos aspectos
de su persona que se podría hablar por separado del Michaux pintor, músico,
enamorado, viajero, frio y paciente observador, desproporcionado exorcizador,
etc., etc.
...
La música y el silencio
Contra el silencio, las palabras. Pero Michaux
desconfía demasiado de las palabras, armas melladas, instrumentos rotos. Y más
aún: signos con lo hostil que acecha:
Palabras,
palabras que vienen a explicar, a comentar, a revocar, a que sea justificable,
razonable, real, prosa como un chacal.
Es
preciso que jamás olvide: yo me asfixiaba. Yo reventaba entre las palabras.
Por eso, contra el silencio y contra la palabra:
un piano. He de detenerme en lo que Henri Michaux dice del piano pues nunca
nadie lo dijo de una manera tan perfecta:
Compañero que no me observa, que no me
evalúa, que no toma nota, que no conserva huellas, compañero que no exige, que
no me obliga a prometerle nada.
Con él, todo tan simple.
Yo me acerco. Él está listo.
Yo traigo la obsesión, la tensión,
la opresión:
Él canta.
Yo traigo la situación irremediable,
el vano despliegue de esfuerzos, el fracaso de todo junto con la mezquindad,
las precauciones llevadas por el viento, por el fuego, por el fuego, sobre todo
por el fuego:
Él canta.
Yo traigo la inundación de sangre,
el rebuzno de los asnos contra la paz, los campos, el trabajo forzado, la
miseria, los prisioneros de la familia, las cosas a medias, los amores a
medias, los impulsos a medias y menos que a medias, las vacas flacas, los
hospitales, los interrogatorios policiales, los lentos agonizantes de las
aldeas perdidas, los amargos vivientes, los dañados, aquellos que derivan
conmigo sobre la helada y loca ladera:
Él canta.
Yo acarreo todo en desorden, sin
saber lo que traigo, de quién, para quién, quién habla en la cesta de las
llagas:
Él canta.
Alejandra Pizarnik, fragmentos de "Pasajes de Michaux" en "Prosa completa", Lumen 2001
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