Cuando nacimos Cuando nacimos ya habían traducido el mundo en un lenguaje equivocado. Las cifras estaban destinadas. Las fórmulas tenían veneno. Tuvimos que aprender a respirar debajo del agua y seguimos esperando que la piel del tiempo no nos vuelva locos. No queremos ser tratantes. No queremos ser esclavos. Continuamos una senda de sangre. No olvidamos de qué está hecho el camino, no olvidamos.
Cuando revisaba los baúles me hallé a mamá. Vuelta una muñequita; cara de porcelana, y el resto del físico en fina tela. La reconocí enseguida. ¡Al fin! te encontré, le dije. No sabía que eras acá. Por algo abrí esta caja. Ella estaba muy viva, y nos saludamos, y ella respiró la historia de nuestras vidas, en un idioma muy suave y muy lúcido y que echaba por el suelo a los demás idiomas. Marosa di Giorgio, "La flor de lis", El cuenco de plata, 2010
Papá
esta mañana voy a recordarlo todo,
y, por sobre todo,
la vid azul,
los blancos habares,
por donde transitabas,
escondido y deslumbrante como Dios.
Marosa di Giorgio, fragmento de "Clavel y Tenebrario"
Yo le recuerdo aquí: donde me duele el color que le trajo a mi esperanza; y le recuerdo aquí porque soy triste y ya no puedo echarme entre sus lágrimas.
¿Qué corazón saldría de este insomnio si yo supiera ser una muchacha; si no me pareciera tanto a mis ojeras, ni a esta tarde de invierno, así doblada?
Pero me acuerdo aquí de que anda lejos el que vivió a la vuelta de mi espalda. Me acuerdo de su nombre perezoso que casi no quería ser palabra. Me acuerdo de su risa mal abierta riñéndole por dentro a la mirada, y de su frente que crecía; y de su voz inútil como el alba y de un secreto que quedó inconcluso aquel domingo en que amó a la nada.
¿Qué corazón saldría de este insomnio si yo supiera ser una muchacha? Pero me duele aquí, donde me canso, aquel hombre agobiado por crisálidas. Pero me duele aquí, donde soy sola, esta verdad metida entre dos alas.
Qué corazón saldría de este insomnio...
Pero soy todo el blanco que se acaba, y no me porto bien con la alegría por lo que traigo al sur de mi garganta.
Carilda Oliver Labra, "Elegía para decirme" en "Al sur de mi garganta", 1949