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miércoles, 9 de octubre de 2019

"no saber"... germen de la creación



Y fue a esa edad… Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
...
Yo no sabía qué decir, mi boca
no sabía
nombrar,
mis ojos eran ciegos,
y algo golpeaba en mi alma,
fiebre o alas perdidas,
y me fui haciendo solo,
descifrando
aquella quemadura,
y escribí la primera línea vaga,
vaga, sin cuerpo, pura
tontería,
pura sabiduría
del que no sabe nada,
...



Pablo Neruda, fragmentos de "La poesía"






Wislawa Szymborska, en su discurso de recepción del Premio Nobel de Literatura 1996:


“...estimo altamente estas dos pequeñas palabras: ``no sé''. Pequeñas, pero dotadas de alas para el vuelo… 

También el poeta, si es un verdadero poeta, tiene que repetirse perpetuamente ``no sé''. Con cada verso intenta responder, pero en el momento en que pone el punto final, le asaltan las dudas y empieza a advertir que su respuesta es temporal y en ningún caso satisfactoria. Entonces prueba otra vez y otra vez, para que a las sucesivas muestras de su insatisfacción consigo mismo los historiadores de la literatura las sujeten con un clip enorme para denominarlas ``La Obra''.”









jueves, 28 de febrero de 2019

"tuve tiempo... pero no tuve manos"



Encontré a Benedetti y Neruda entrelazando “manos” a “tiempo”…

“La desdicha se vuelve un estilo
de vida
si uno se aferra a ella
mirándose las manos
mientras el tiempo sigue sigue
sigue
…”
M. Benedetti, “Desdichas” en “Biografía para encontrarme”

¿Serán esas mismas “manos” incapaces, no hacedoras… que  lamenta Neruda en sus poemas (impresionantes!) “Culpable” y “El sello del arado”?

“Me declaro culpable de no haber
hecho, con estas manos que me dieron,
una escoba.
Por qué no hice una escoba?
Por qué me dieron manos?
Para qué me sirvieron?
no sé cómo
se me pasó la vida
sin aprender, sin ver,
sin recoger y unir
los elementos.
En esta hora no niego
que tuve tiempo,
tiempo,
pero no tuve manos…”
…………………………………………
“En esta tienda
quiero comprar manos,
quiero dejar
las mías:
no me sirven.
Quiero saber
si ya con tantos años
puedo
empezar otra vez,
trabajar otra vez,
continuar.
Quiero tocar con otro tacto
el mundo,
los cuerpos,
las campanas,
las raíces,
nacer
en otros dedos,
crecer en otras uñas,
pero
sobre todo
cortar madera, dominar metales,
construir maestranzas, acueductos,
y triturar la tierra hasta que el polvo
y el barro nos infundan,
de tanto arar, el sello triturado
de nuestra pobre eternidad terrestre.”

La paradoja… esas mismas “manos” sí  trabajaron y mucho. Creando eternidad entre tinta y papeles.

martes, 8 de mayo de 2018

lo que ya necesita es florecer...


A "La Sebastiana" 


Yo construí la casa.

La hice primero de aire.
Luego subí en el aire la bandera
y la dejé colgada
del firmamento, de la estrella, de
la claridad y de la oscuridad.

Cemento, hierro, vidrio,
eran la fábula,
valían más que el trigo y como el oro,
había que buscar y que vender,
y así llegó un camión:
bajaron sacos
y más sacos,
la torre se agarró a la tierra dura
-pero, no basta, dijo el constructor,
falta cemento, vidrio, fierro, puertas-,
y no dormí en la noche.

Pero crecía,
crecían las ventanas
y con poco,
con pegarle al papel y trabajar
y arremeterle con rodilla y hombro
iba a crecer hasta llegar a ser,
hasta poder mirar por la ventana,
y parecía que con tanto saco
pudiera tener techo y subiría
y se agarrara, al fin, de la bandera
que aún colgaba del cielo sus colores.

Me dediqué a las puertas más baratas,
a las que habían muerto
y habían sido echadas de sus casas,
puertas sin muro, rotas,
amontonadas en demoliciones,
puertas ya sin memoria,
sin recuerdo de llave,
y yo dije: "Venid
a mi, puertas perdidas:
os daré casa y muro
y mano que golpea,
oscilaréis de nuevo abriendo el alma,
custodiaréis el sueño de Matilde
con vuestras alas que volaron tanto."

Entonces la pintura
llegó también lamiendo las paredes,
las vistió de celeste y de rosado
para que se pusieran a bailar.
Así la torre baila,
cantan las escaleras y las puertas,
sube la casa hasta tocar el mástil,
pero falta dinero:
faltan clavos,
faltan aldabas, cerraduras, mármol.
Sin embargo, la casa
sigue subiendo
y algo pasa, un latido
circula en sus arterias:
es tal vez un serrucho que navega
como un pez en el agua de los sueños
o un martillo que pica
como alevoso cóndor carpintero
las tablas del pinar que pisaremos.

Algo pasa y la vida continúa.
La casa crece y habla,
se sostiene en sus pies,
tiene ropa colgada en un andamio,
y como por el mar la primavera
nadando como náyade marina
besa la arena de Valparaíso,

ya no pensemos más: ésta es la casa:

ya todo lo que falta será azul,

lo que ya necesita es florecer.
Y eso es trabajo de la primavera.







Casa "La Sebastiana", sobre el cerro Bellavista en Valparaíso.
Neruda le dedicó este poema, luego incluido en "Plenos poderes"(1961-1962):






vistas desde el interior de la casa
(bahía y puerto de Valparaíso)


(fotografías de Mónica Pía)






miércoles, 28 de septiembre de 2016

"ahora echo de menos la luz negra"


Tristeza, necesito
tu ala negra,
tanto sol, tanta miel en el topacio,
cada rayo sonríe
en la pradera
y todo es luz redonda en torno mío,
todo es abeja eléctrica en la altura.
Por eso
tu ala negra
dame,
hermana tristeza:
necesito que alguna vez se apague
el zafiro y que caiga
la oblicua enredadera de la lluvia,
el llanto de la tierra:
quiero
aquel madero roto en el estuario,
la vasta casa a oscuras
y mi madre
buscando
parafina
y llenando la lámpara
hasta no dar la luz sino un suspiro.

La noche no nacía.

El día resbalaba
hacia su cementerio provinciano,
y entre el pan y la sombra
me recuerdo
a mí mismo
en la ventana
mirando lo que no era,
lo que no sucedía
y un ala negra de agua que llegaba
sobre aquel corazón que allí tal vez
olvidé para siempre, en la ventana.

Ahora echo de menos
la luz negra.

Dame tu lenta sangre,
lluvia
fría,
dame tu vuelo atónito!
A mi pecho
devuélvele la llave
de la puerta cerrada,
destruida.
Por un minuto, por
una corta vida,
quítame luz y déjame
sentirme
perdido y miserable,
temblando entre los hilos
del crepúsculo,
recibiendo en el alma
las manos
temblorosas
de
la
lluvia.




Pablo Neruda, “La tristeza, (II)” en “Plenos poderes”, 1962





domingo, 27 de septiembre de 2015

niño Neruda



"Me parece recordar que así nació mi primer poema y que así recibí la primera muestra distraída de la crítica literaria"






Pablo Neruda, en "Confieso que he vivido", Seix Barral, 1984





viernes, 17 de julio de 2015

no tienes más recuerdo que tu vida...



Nunca recordaremos haber muerto.

Tanta paciencia
para ser tuvimos
anotando
los números, los días,
los años y los meses,
los cabellos, las bocas que besamos,
y aquel minuto de morir
lo dejaremos sin anotación;
se lo damos a otros de recuerdo
o simplemente al agua,
al agua, al aire, al tiempo.
Ni de nacer tampoco
guardamos la memoria,
aunque importante y fresco fue ir naciendo:
y ahora no recuerdas un detalle,
no has guardado ni un ramo
de la primera luz.

Se sabe que nacemos.

Se sabe que en la sala
o en el bosque
o en el tugurio del barrio pesquero
o en los cañaverales crepitantes
hay un silencio enteramente extraño,
un minuto solemne de madera
y una mujer se dispone a parir.

Se sabe que nacimos.

Pero de la profunda sacudida
de no ser a existir, a tener manos,
a ver, a tener ojos,
a comer y llorar y derramarse
y amar y amar y sufrir y sufrir,
de aquella transición o escalofrío
del contenido eléctrico que asume
un cuerpo más como una copa viva,
y de aquella mujer deshabitada,
la madre que allí queda con su sangre
y su desgarradora plenitud
y su fin y comienzo, y el desorden
que turba el pulso, el suelo, las frazadas,
hasta que todo se recoge y suma
un nudo más el hilo de la vida,
nada, no quedó nada en tu memoria
del mar bravío que elevó una ola
y derribó del árbol una manzana oscura.

No tienes más recuerdo que tu vida.





Pablo Neruda, "Los nacimientos" en "Cantos ceremoniales, Plenos poderes", Debolsillo, 2004



domingo, 5 de octubre de 2014

Pablo Neruda y sus casas (3)


"Cantalao"

"Durante grandes años compartí mi vida con el mar. De haber disfrutado tanto del reposo y del trabajo en la soledad marina, me entró un vago remordimiento, ¿Y mis compañeros? ¿Mis amigos o enemigos escritores? ¿Tendrán ellos este lujo creativo de trabajar y descansar frente al océano?"  escribió Neruda.






Por eso, cuando en Punta de Tralca –balneario cercano a Isla Negra- se pusieron terrenos en venta, el poeta reservó uno de 4.3 hectáreas para construir una colonia de escritores y científicos. Lo bautizó “Cantalao”, pueblo imaginario de uno de sus primeros poemas. Allí edificó esta cabañita de troncos, con puertas y ventanas con vidrios de colores, dirigida bien hacia el sur, e instaló un ancla simbolizando su deseo de permanecer en el lugar.

Neruda legó Cantalao al pueblo de Chile a fin de que se creara una entidad sin fines de lucro para la difusión de las letras, las artes y las ciencias, con el deseo de que se pudieran habilitar dependencias donde reunir a escritores, artistas, científicos, investigadores... La Fundación Pablo Neruda dice que este proyecto es una de sus tareas pendientes!




No se puede ingresar a la cabaña. 
Aquí, desde el exterior de una de sus ventanas ... mostrando el interior, el mar más allá de la cabaña
 y a su vez, reflejado el paisaje detrás de mí.




Tengo entendido que la Fundación mantiene un parque ecológico y de esculturas en la playa debajo del acantilado (yo no lo visité), además de un anfiteatro natural para eventos literarios y musicales.

así se ve la cabaña en la soledad del terreno
(las fotos son de marzo de 2012)


viernes, 3 de octubre de 2014

Pablo Neruda y sus casas (2)

"Isla Negra"

El mar

El Océano Pacífico se salía del mapa. No había donde ponerlo. Era tan grande, desordenado y azul que no cabía en ninguna parte. Por eso lo dejaron frente a mi ventana...




La casa de Isla Negra está inserta en un paisaje costero de mar, playa y roqueríos. Allí escribió "Una casa en la arena" (1966), de donde fueron extraídos los fragmentos expuestos.




"La llave

Me he dado cuenta de que cuanto extravío en la casa se lo ha llevado el mar. El mar se cuela de noche por agujeros de cerraduras, por debajo y encima de puertas y ventanas.

Como de noche, en la oscuridad, el mar es amarillo, yo sospeché sin comprobar su secreta invasión. Encontraba en el paragüero, o en las dulces orejas de María Celeste gotas de mar metálico, átomos de su máscara de oro. Porque el mar es seco de noche. Guardó su dimensión, su poderío, su oleaje, pero se transformó en una gran copa de aire sonoro, en un volumen inasible que se despojó de sus aguas. Por eso entra en mi casa, a saber qué tengo y cuánto tengo. Entra de noche, antes del alba: todo queda en la casa quieto y salobre, los platos, los cuchillos, las cosas restregadas por su salvaje contacto no perdieron nada, pero se asustaron cuando el mar entró con todos sus ojos de gato amarillo.

Así perdí la llave, el sombrero, la cabeza.

Se los llevó el océano en su vaivén. Una nueva mañana las encuentro. Porque me las devuelve una ola mensajera que deposita cosas perdidas a mi puerta..."





vistas desde la casa


 fotografías de Mónica Pía



"Disposiciones", "Canto general", Pehuén, 2005

Compañeros, enterradme en Isla Negra,
frente al mar que conozco, a cada área rugosa
de piedras y de olas que mis ojos perdidos
no volverán a ver.
.......................................
allí quiero dormir entre los párpados
del mar y de la tierra...
                                   quiero ser arrastrado
hacia abajo en las lluvias que el salvaje
viento del mar combate y desmenuza,
y luego por los cauces subterráneos, seguir
hacia la primavera profunda que renace.

Abrid junto a mí el hueco de la que amo, y un día
dejadla que otra vez me acompañe en la tierra.


La voluntad del poeta se cumplió en diciembre de 1992, cuando sus restos fueron trasladados allí, junto a los de su esposa, Matilde Urrutia.

domingo, 21 de septiembre de 2014

no sólo las flores...

Se repite una vez, más hacia el fondo
la húmeda primavera:
mete los dedos entre las raíces,
toca el hombre escondido.

Yo dormía allá abajo,
yo dormía.

Abre sus labios verdes,
se levanta:
es hombre, o planta, o río,
es ávida cintura,
es boca de agua.

Llegó la hora,
existo,
soy de luz y de arena.
..................................................................

Pablo Neruda, "Ciclo" en "Las manos del día", Edit. Losada, Bs. As., 1968

sábado, 11 de enero de 2014

verbo


Voy a arrugar esta palabra,
voy a torcerla,
sí,
es demasiado lisa,
es como si un gran perro o un gran río
le hubiera repasado lengua o agua
durante muchos años.

Quiero que en la palabra
se vea la aspereza,
la sal ferruginosa,
la fuerza desdentada
de la tierra,
la sangre
de los que hablaron y de los que no hablaron.

Quiero ver la sed
adentro de las sílabas:
quiero tocar el fuego
en el sonido:
quiero sentir la oscuridad
del grito. Quiero
palabras ásperas
como piedras vírgenes.



Pablo Neruda, “LX”, “Verbo”, en “Las manos del día”, Losada, 1968


viernes, 6 de septiembre de 2013

entre escritores

Pablo Neruda a Gabriel García Márquez:


También en este tiempo tuvo
tiempo de nacer un volcán
que echaba fuego a borbotones
o, más bien dicho, este volcán
echaba sueños a caer
por las laderas de Colombia
y fueron las mil y una noche
saliendo de su boca mágica,
la erupción magna de mi tiempo:
en sus invenciones de arcilla,
sucios de barro y de lava,
nacieron para no morir
muchos hombres de carne y hueso.





Pablo Neruda, "García Márquez" en "Fin del mundo", Losada, 1969


miércoles, 11 de agosto de 2010

otro Pablo Neruda

Un tal, su propia bestia

Fue el escritor con su propia bestia
sobre los hombros, siempre
creyó que eran sus alas.

Anduvo vagamente en redacciones
mostrando sus estériles
escritos, cursieróticos
versos: no
interesó, pero, cuando exhibiendo
sus credenciales, se le vio la bestia
montada sobre el hombro,
se los leyeron, y se destinó
a perpetuarse en la maledicencia.

Y le pagaron cada cuchillada.

Ya relució por fin
pero no fue firmando clara sombra,
constelación o pétalo o grandeza:
fue apresuradamente contratado
para morder, con gloria y regocijo,
y así se fue negando
a lo que fue
hasta que aquella bestia sobre el hombro,
antes inadvertida,
se convirtió en su rostro
borrando al hombre que la sostenía.




Pablo Neruda, "Las manos del día", Ed. Losada SA, Bs.As., 1968