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viernes, 4 de mayo de 2018
... vivir ebria
Reconocido mi naturaleza viciosa: necesito vivir ebria. Si no es de alcohol que sea de té, de café, de ácido fosfórico, de tabaco muy fuerte... Esto no está mal ni está bien. Esto demuestra, simplemente, que algunos no pueden vivir. Quiero decir, sólo después de haber tomado diez cafés y tragado varias pastillas de "revitalizantes cerebrales" puedo respirar con libertad, andar sencillamente por las calles sin que el deseo de matarme se haga imperioso.
El error está en querer sentir una dicha extrema o un total abatimiento. Los estados neutros de mi vigilia sobria -hechos de una leve angustia y una sorda ansiedad- me son insoportables. Soy trágica, admitámoslo. Todo lo que me sucede tiene que llevar el rótulo de "peligro de muerte".
Alejandra Pizarnik, fragmento del 12 de agosto de 1962 de "Diarios", Lumen, 2010
lunes, 10 de noviembre de 2014
"...por alguna herida que no ubico"
La
mirada, la mía, adherida a los chirridos de las cosas. Mundo de silencio. Yo
preciso inventarme en la noche, con palabras que tanto me cuestan. Y es siempre
la sed ávida, aviesa, triste, como llevar un color marchito en la mano, una
pluma desplumada. Me trago mi sed, me la bebo, la rumio con hastío invisible.
Cada noche mi mirada se rebela. Mis ojos se toman en serio, se recuerdan, se
comprometen: descartan los muelles y el río y los libros y las caras que
sucedieron bajo el sol de agosto. Se abren mis ojos. Me obligan a seguirlos por
altitudes de sombra y silencio y vientos y frío.
Pero para saberlo necesito escribir.
Sola no puedo enterarme de mí ni lo deseo. La complicidad de la palabra que mis
ojos enjaulan es una especie de campana de mi soledad. Cuando leo que dije
soledad o silencio me descubro al instante, en un rincón de la habitación
miedosa y perdida pero reencontrada de alguna manera. Aunque nada de esto tenga
que ver con la validez o deficiencia de lo que escribo, sé, de una manera
visionaria, que moriré de poesía. Esto no lo comprendo perfectamente, es vago,
es lejano, pero lo sé y lo aseguro. Tal vez ya sienta los síntomas iniciales:
dolor en donde se respira, sensación de estar perdiendo mucha sangre por alguna
herida que no ubico.
Alejandra
Pizarnik, fragmento del 11 de agosto de 1962 en “Diarios”, Lumen, 2010
sábado, 18 de octubre de 2014
"el que tiene sed" - 1
"...O no había
descubierto esa misma tarde que no es el alcohol lo que emborracha. No es el
alcohol, es el estado de ánimo, el estado de ánimo con que se lo toma. Y ella
le creyó. Claro que cuando lo explicó estaba sobrio..."
"...Lo
veía todo muy claro ahora... El mundo. Y su relación con el mundo. El por qué
de su relación con el mundo y el por qué de su relación con Mara (con todas las
mujeres, sí, pero especialmente con Mara), y el por qué de que a veces, durante
la noche, todavía se creyera capaz de terminar su libro, y aun muchos otros
libros que les hablaran a los hombres de otro hombre, de Esteban Espósito, con
una voz tan angelicalmente bella y demoníaca que ellos se espantarían de sí
mismos si eran perversos y, si no lo eran, quizás comprenderían que él de veras
se había crucificado inmundanamente, y se estaba matando, y se había hecho
odiar por todos los que alguna vez lo amaron y ya había dejado de amar, y casi
no podía sentir un solo sentimiento humano, por la pasión de ser feliz... por
la locura de que todo hombre y aun toda cosa fueran bellos y felices, motivo
por el cual se fue convirtiendo en lo que era, un egoísta hijo de puta, un
sórdido egoísta hijo de puta que se emborrachaba por miedo a vivir y se
acostaba con otras mujeres por miedo a vivir y no era capaz de confesarle a
Mara que nunca la había querido por miedo a vivir, y a dejarla vivir, y ya ni
siquiera escribía por miedo a vivir."
"...Con
una alegría angélica, con un dolor absoluto, purísimo, como el que debe sentir
un animal con el vientre rajado, escribió. Escribió sobre su cobardía y su
egoísmo, y era consciente incluso del egoísmo y la cobardía que significaba la
liberación de escribirlo."
"...Y
yo supe que no estaba preparado para nada de lo que fatalmente iba a ocurrir,
no al menos sin antes echarle mano a esa botella, y aunque no tuviera la menor
idea de qué era lo que iba a ocurrir, ignorancia que se debía, justamente, al
hecho demencial de no haberle echado mano a la botella. Nadie puede captar la
realidad real, el mundo y su variedad infinita, simultáneamente y tal como es,
estando sobrio."
"...Mientras
tanto pensé. Calmado y lúcido, pensé. Me sentía como una batería recién
cargada, tragué la primera medida doble con la decisión con que un tigre en
ayunas le da su primer dentellada a una media res, de inmediato me invadió una
especie de felicidad clarividente que era lo más parecido del mundo a la salud
perfecta... Ahí residen el misterio y el secreto del alcoholismo, y el que diga
cualquier otra cosa miente. Que uno después se emborrache, es un accidente: el
día que yo descubriese el límite, el inútil vaso donde esa felicidad se borra,
el mundo iba a conocer una especie de Nuevo Elogio de la Locura que iba a dejar
a Erasmo de Rotterdam a la altura de un gorgojo..."
"Tengo
orden de no servirlo, señor" oyó Espósito.... Lo inesperado produce dos
efectos. O por lo menos dos. Lo inesperado es el fundamento de lo cómico; ahí
está uno de los efectos. El otro efecto es el miedo... Lo que Espósito pensó
puede expresarse así: Yo siento que esto carece de gracia; yo tengo
miedo."
Abelardo
Castillo, fragmentos de "El que tiene sed", Seix Barral Biblioteca Abelardo Castillo, Grupo Editorial Planeta, 2005
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