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viernes, 8 de mayo de 2020

"resiste, espera, insiste el inocente..."



Aparición
Dibujo, a los setenta, como un niño.
Mi trazo no maduró,
congelado en un saber
que se detuvo.

Cuando mi mano dibuja,
distraída,
me regala una huella
del que iba y venía por los sueños.

Resiste, espera, insiste el inocente.
No deja que me ahogue en mi ciencia y mi ceguera,
en la fatiga,
en el silencio,
en la inclemencia del espejo.

Lo guarda mi arte pobre
y brota de mi mano cuando quiere.

Santiago Kovadloff





jueves, 28 de febrero de 2019

"tuve tiempo... pero no tuve manos"



Encontré a Benedetti y Neruda entrelazando “manos” a “tiempo”…

“La desdicha se vuelve un estilo
de vida
si uno se aferra a ella
mirándose las manos
mientras el tiempo sigue sigue
sigue
…”
M. Benedetti, “Desdichas” en “Biografía para encontrarme”

¿Serán esas mismas “manos” incapaces, no hacedoras… que  lamenta Neruda en sus poemas (impresionantes!) “Culpable” y “El sello del arado”?

“Me declaro culpable de no haber
hecho, con estas manos que me dieron,
una escoba.
Por qué no hice una escoba?
Por qué me dieron manos?
Para qué me sirvieron?
…
no sé cómo
se me pasó la vida
sin aprender, sin ver,
sin recoger y unir
los elementos.
En esta hora no niego
que tuve tiempo,
tiempo,
pero no tuve manos…”
…………………………………………
“En esta tienda
quiero comprar manos,
quiero dejar
las mías:
no me sirven.
Quiero saber
si ya con tantos años
puedo
empezar otra vez,
trabajar otra vez,
continuar.
Quiero tocar con otro tacto
el mundo,
los cuerpos,
las campanas,
las raíces,
nacer
en otros dedos,
crecer en otras uñas,
pero
sobre todo
cortar madera, dominar metales,
construir maestranzas, acueductos,
y triturar la tierra hasta que el polvo
y el barro nos infundan,
de tanto arar, el sello triturado
de nuestra pobre eternidad terrestre.”

La paradoja… esas mismas “manos” sí  trabajaron y mucho. Creando eternidad entre tinta y papeles.

jueves, 30 de junio de 2016

siberiana




Miro hacia adelante y soy como el paisaje
en el que nací, donde las mujeres son felices
lavando ropa en el río y la escarcha arrasada
por la corriente les raspa la piel.

Llevo la sangre de las mujeres 
que vuelven a casa enrojecidas
como si ocultaran un amor.






El día que nací


recuerdo el día que nací.

llovía y los árboles soltaban todos sus frutos, la fertilidad
de los ríos era capaz de matarnos.

recuerdo el día que nací.

tenía los ojos ciegos, la boca muda y el alma intocable.

mi padre me prestó su mano para que yo no supiera
qué hacer con ella.

amo las manos de mi padre, origen de toda creación
y de la fe.

recuerdo los abismos del vacío, los límites, el calor
del alba sobre mi nuevo rostro.

mis manos extendidas al no saber.





Natalia Litvinova, "Siberiana", de "Siguiente vitalidad" en 

y "El día que nací"